martes, 17 de febrero de 2015

El valor educativo de la frustración

A propósito de nuestra última charla en las Escuela Pías de Madrid, queremos compartir algunas reflexiones en cuanto al valor educativo de la tolerancia a la frustración. ¡Esperamos os sean de provecho!. 


Cultura de la felicidad vs. Cultura del esfuerzo

La búsqueda de la felicidad siempre ha sido uno de los temas más importantes en las reflexiones en cuanto al ser humano. En el mundo actual, dados los medios de comunicación y la información que se comparte en ellos, es más evidente el deseo de transmitir mensajes orientados a esta felicidad utópica (impermeable y duradera), en donde hasta el más mínimo obstáculo en el camino, es sinónimo de dolor o infelicidad. El esfuerzo ha pasado, de forma frecuente, a un segundo plano y la principal motivación que guía las acciones frente a los retos del día a día parece orientarse, más bien, a la evitación del dolor. Cuando transmitimos esto a nuestros niños, de alguna forma comunicamos un mensaje de incapacidad, de temor frente a las dificultades y de falta de matices antes las cosas que suceden en la vida cotidiana. Con ello se tiene una menor capacidad para afrontar los retos, darle valor al esfuerzo y aprender de los errores que se cometen, más allá de la frustración que nos generen.

La familia es el primer lugar de aprendizaje

La frustración es necesaria en el desarrollo evolutivo humano. Cuando somos pequeños y no podemos poner en palabras nuestros deseos o necesidades, el llanto nos permite llamar a la figura cuidadora (madre, padre, abuelos, tíos…) quien se encarga de nuestras necesidades, disminuyendo nuestra frustración. Sin embargo, antes de que la figura del cuidador pueda satisfacer nuestras necesidades (frío, hambre, incomodidades…), experimentamos cierto grado de frustración en ausencia de esta figura. Gracias a esto vamos comprendiendo, por ejemplo, que para conseguir algo debemos hacer algo más. Esto alimenta desde el principio nuestra maduración personal y nos enseña que a pesar de las dificultades o incomodidades, podemos superar los momentos duros.

Para pasar de una fase del desarrollo a la siguiente, para poder madurar, es necesaria la frustración. Por ello es muy importante enseñar a los niños a tolerarla. Esto no quiere decir no satisfacer sus necesidades básicas de cariño, atención, alimentación, cuidado; tampoco dejarlos sumidos en los sentimientos que generan las situaciones frustrantes, sino saber manejar emocionalmente estos momentos para superarlos. Es necesario para ello detectar cuándo, por nuestros propios miedos, intentamos evitar a nuestros niños momentos de frustración naturales y necesarios.

Cuando hiperprotegemos, muchas veces lo que hacemos -sin quererlo- es dejar a los niños solos frente a un mundo ante el cual no sabrán cómo responder, ya que no han afrontado antes situaciones ante las que tengan que intervenir. También les transmitimos un mensaje de incapacidad y temor frente al mundo, lo que afecta su confianza y su perseverancia.

Cuando somos demasiado permisivos y no ponemos límites de forma adecuada por miedo o pena ante la frustración que el niño pueda sentir, le privamos de experimentar las normas sociales y transmitimos el mensaje de que puede anteponer sus propios deseos ante cualquier situación o persona, dificultando su capacidad para aceptar y comprender el punto de vista de los demás y sobreponerse a las dificultades.

¿Qué permite en el niño saber manejar la tolerancia a la frustración?

-Confianza y sentimiento de seguridad: Cuando se gestiona correctamente la frustración, los niños aprenden a manejarse en el mundo con confianza, sin intentar controlar el mundo pero sí buscar lo que desean a través de distintas posibilidades.

-Capacidad de aprendizaje y flexibilidad en el pensamiento: Cuando somos capaces de sobreponernos al dolor o a la frustración, aprendemos de las situaciones e intentamos buscar soluciones. No nos quedamos con la experiencia de fracaso y la angustia, rabia o ansiedad.
Fotografía de Kendisan Seruyan
-Concepto de sí mismo y relaciones con los demás: Cuando no soportamos la frustración y nos bloqueamos, nos sentimos inútiles, solemos cargar a los demás con nuestra responsabilidad y solemos hacerlo para poder superar las emociones negativas, lo cual crea dependencia y poca capacidad de adaptación. A veces por miedo al rechazo y el dolor que produce el mismo se desarrolla un patrón evitativo en las relaciones.

-Modulación emocional: Cuando el niño es capaz de sobreponerse a la frustración y al dolor, implica un manejo de las emociones negativas. Se siente creativo y capaz.

Formas de intervenir ante la frustración

-Tomar conciencia de nuestra propia historia personal y nuestras reacciones ante la frustración, ya que esto puede generar automatismos educacionales, y nos permitirá lograr un mayor contacto con las necesidades infantiles desde la empatía.

-Evitar la sobreprotección, no abusar de permisividad, ya que les privamos de la posibilidad de equivocarse y aprender de sus errores.

-Ser un ejemplo, la mejor forma de transmitir un mensaje de perseverancia es mantener nosotros mismos una actitud positiva al momento de afrontar las adversidades, comunicando nuestras emociones (positivas y negativas) y buscando soluciones.

-Marcar objetivos y dividir tareas según la etapa del niño, es importante no ser sobre-exigentes y fomentar que los niños se planteen objetivos realistas y razonables, sin exigirle que se enfrente a situaciones que sea incapaz de superar.

-Enseñar a pedir ayuda cuando el niño haya agotado sus recursos: Es importante que los niños experimenten, busquen sus propias soluciones y sepan, además, cuando han de pedir ayuda.

-Poner límites claros, ya que el a través del “no” también cuidamos del niño y le enseñamos. Es muy importante tener en cuenta el momento evolutivo del niño (no son los mismos límites los que hemos de establecer con un niño de 10 años que con uno de 14, por ejemplo).

-Identificar sentimiento de frustración y enseñar a manejarlo: “Estás molesto porque no te ha salido bien, observa por qué fallaste, inténtalo nuevamente, tómate más tiempo, hazlo con calma”. “¿Qué podrías hacer en lugar de molestarte o abandonarlo?”.

-Refuerzo: Es muy importante sacarle provecho al error, detectando las fortalezas del niño al momento de afrontarlo y mostrárselas.