jueves, 1 de octubre de 2015

Deberes: ¿Sí o No?

El pasado 23 de septiembre el diario El País publicaba un artículo titulado “Los padres de la escuela pública piden que se eliminen los deberes”. El artículo apuntaba que “la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de alumnos (Ceapa), que representa a 12.000 asociaciones de familias de los centros públicos, quiere que los alumnos no tengan deberes fuera de su jornada escolar. Los padres piden un debate «profundo» sobre esta actividad y sobre el calendario de clases de los estudiantes”… “muestran su desacuerdo a cómo la jornada escolar se está trasladando a los domicilios”.


La reflexión en relación con la cantidad de deberes que se realizan en casa, así como con la influencia de los mismos sobre el desempeño escolar, la vida familiar y el bienestar personal de los niños, no es un debate nuevo. Aun así, resulta -como lo refleja lo reciente del artículo antes mencionado- un debate actual que parece no llegar a conclusiones firmes y que reporta muchas “opiniones grises” al respecto.

Mucho se habla acerca de los retos que supone la educación del siglo XXI, incluyendo propuestas inclusivas, personalizadas, creativas, integrales, más sociales y que respeten los ritmos vertiginosos del mundo actual y el avance tecnológico. A pesar de ello, en muchas aulas se mantienen herramientas, métodos, escalas y criterios de evaluación que resultan obsoletos frente a estos retos. Los deberes han pasado, en este sentido, a la lista de “métodos tradicionales” que ahora más que nunca se ponen en cuestión.

Los partidarios de la eliminación de los deberes, apuntan varios aspectos que respaldan su posición. Argumentan, por ejemplo, que muchas veces los deberes pueden provocar altos niveles de frustración y cansancio por parte de los estudiantes, que tras una jornada de estudios, deben continuar sus tareas escolares durante varias horas tras llegar a casa. En la mayoría de las ocasiones, el incumplir con los deberes deriva en consecuencias directas en la nota o en la valoración que hace el profesor de su desempeño o interés. Asimismo, la falta de tiempo, lleva a escoger entre los deberes y otras actividades (muchas veces complementarias, enriquecedoras y necesarias) y afecta también el tiempo familiar, lo que deriva en una pérdida de interés por aprender.

Asimismo, se apunta que los deberes restan tiempo de estudio, que debería ser la actividad en la que se centre el mayor monto de energía. Muchos estudiantes se contentan con completar los deberes al llegar a casa y tras las horas lectivas, la realización de los deberes y en muchos casos las actividades extraescolares, la motivación y el tiempo de estudio se ven afectados.

Desde nuestra experiencia, nos encontramos en sesiones con muchos niños y adolescentes que se preguntan si es el rol de estudiante el rol que les define y por el que son valorados como persona por parte de otros, en especial por parte de sus padres o figuras de referencia. En este sentido, validamos este cuestionamiento y nos solidarizamos con su duda. El aprendizaje no se limita a lo curricular o escolar, la formación de la personalidad y el tránsito a la vida adulta, sin duda ha de estar lleno de experiencias que no sólo tienen que ver con las materias troncales. En muchas ocasiones el tiempo familiar queda relegado a los fines de semana y las interacciones diarias padres-hijos se supeditan a la realización de deberes o supervisión del estudio, lo que agota la relación. Es natural que dado este caso, los padres quieran limitar al espacio del colegio los temas académicos, ya que muchas veces terminan tan superados por ellos como sus hijos. Un padre o madre que llega a casa tras una larga jornada de trabajo y que se encuentra con sacar adelante a un niño que ha salido del aula sin entender o rebasado de deberes, le es más difícil detectar y practicar otras opciones de interacción que pueden enriquecer la relación entre ellos.

Investigaciones que se han llevado a cabo al respecto, apuntan que “un exceso de deberes supone una gran frustración para el niño que quiere concluir el trabajo asignado, viendo a la vez cómo éste le sobrepasa y el cansancio no le permite seguir estudiando”. Es evidente asimismo cómo una carga excesiva de deberes puede afectar no sólo a los alumnos, sino también al resto de la familia y las dinámicas de la misma.

Para que los deberes puedan surtir un efecto verdaderamente enriquecedor y positivo, tanto en el desarrollo del niño como en su desempeño, es necesario que la cantidad de trabajo no sea excesivo. Es importante enseñar a los niños y adolescentes el valor de enfrentar los retos, buscar soluciones y completar el trabajo y responsabilidades asignadas, pero para ello es justo que las demandas en cuanto a esto sean realistas.

En este sentido, se ha argumentado que los deberes castigan injustamente a aquellos estudiantes que no tienen miembros familiares disponibles para ayudarlos y que no tienen en cuenta las diferencias individuales, ya que los deberes no se personalizan (son los mismos para todos los estudiantes). Muchos educadores parten de la premisa de que los deberes y el trabajo académico debe hacerse por parte del estudiante únicamente, “él/ella solito/a”. Este último aspecto no toma en cuenta las diferencias entre estudiantes (quienes aprenden más o menos rápido, métodos distintos de aprendizaje entre estudiantes, habilidades y características de personalidad distintas, intereses distintos…), haciendo la experiencia de aprendizaje menos personalizada e inclusiva.

Los deberes deben ser flexibles y realistas, es la principal forma de que puedan ser verdaderamente inclusivos y fomenten el aprendizaje, el deseo de aprender y no afecten el desarrollo de las relaciones sociales con amigos y familia. Asimismo, han de ser relevantes e interesantes para los niños y adolescentes, buscando la manera en la que pueden tener relación con el mundo que les rodea. Los deberes no deben ser un fin en sí mismo, deben perseguir un objetivo. El foco de los mismos ha de estar en el proceso de elaboración y qué nos dicen del propio proceso de aprendizaje del niño.

Actualmente se manejan varias alternativas a los deberes tradicionales que intentan tener en cuenta un aprendizaje inclusivo, creativo y más social. También tienen más en cuenta el factor tiempo. Muchas veces esto supone un mayor esfuerzo por parte de los educadores (a la hora de plantearse ideas alternativas o corregir lo que se pide) pero el aprendizaje se torna más personalizado y efectivo. Algunos ejemplos de esto:

-En lugar de presentar a los niños una lectura y luego una lista de preguntas que han de responder en relación con la misma, se les puede pedir que generen preguntas que pueden haber surgido acerca de la lectura o alguna opinión.
-Estudiar o hacer deberes por proyectos en los que se aprenden los conceptos de manera global. Los proyectos se usan cada vez más como herramienta de aprendizaje.
-Otro cambio que se ha puesto en marcha, es que se ha sustituido la clase magistral por un aprendizaje cooperativo donde los alumnos trabajan en pequeños grupos. En el aprendizaje de conceptos, para comprobar que los estudiantes comprenden realmente el concepto trabajado, se pueden asignar grupos en donde cada uno genere una explicación (a través de un juego, historia, escena teatral, dibujos…) del concepto aprendido y lo presente al resto de la clase. De esta forma se refuerza el aprendizaje social y hay menos probabilidades de que un niño se “quede atrás”.

Maurice Elias –para edutopia- apunta que la pregunta que debemos hacernos, más allá de si se debe o no seguir asignando deberes, es “¿Qué es lo que creemos que debe ocurrir tras la finalización de la jornada escolar para ayudar a asegurar que los estudiantes comprendan y retengan lo que han aprendido y estén preparados y motivados para aprender más?”. Los niños deben ser animados a leer, escribir, realizar operaciones aritméticas, comprender mejor el mundo que les rodea en términos de educación cívica, ciencia, artes y desarrollar sus propias habilidades e inteligencia emocional. Esta motivación debe ser parte de las interacciones familiares diarias fuera del colegio y el colegio ha de proveer las herramientas que les correspondan y guía a los padres para ayudarlos a conseguir esto.

Para promover igualdad e inclusión en escuelas y comunidades, debemos pensar en cómo hacer que este tipo de experiencias estén disponibles para todos los niños y adolescentes sin gastos desproporcionados o poco realistas para los padres y estudiantes en términos de esfuerzo, tiempo y bienestar. Una reflexión acerca de los deberes que se asignan, su cantidad y sobre todo, el objetivo de la tarea, es una reflexión necesaria de cara a formar académica y emocionalmente a los niños, fortaleciendo su motivación para aprender y sus relaciones en los distintos sistemas a los que pertenece (escuela, familia, amigos…).