martes, 28 de marzo de 2017

8 preguntas para ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre su aprendizaje

Está claro que proporcionar los recursos y explorar las vías y métodos de enseñanza para que los estudiantes puedan sacar el máximo partido de los contenidos, es un factor necesario y un “plus” al proceso de enseñanza. Sin embargo, ¿es suficiente? Para muchos estudiantes, el aprendizaje se ve como un “deber” y lo cierto es que debería ser un hábito que, además, se extiende más allá de los años académicos y que se cultiva a lo largo de la vida.

Es por ello que brindar la posibilidad de que los hábitos de aprendizaje se fijen e internalicen en los estudiantes se convierte en una labor primordial para marcar la diferencia en la enseñanza. Poder transmitir el aprender como una aventura y una oportunidad, es una enseñanza que perdura por años en la mente y corazón de los estudiantes. Aun así, muchas veces olvidamos que el aprendizaje es un hábito, uno que se modela de forma constante.

Fomentar los hábitos de aprendizaje y crear un contexto reflexivo en cuanto a cómo se da este proceso, es de hecho, una de las principales características que definen a los contextos de aprendizaje altamente efectivos. Los procesos cognitivos, meta-cognitivos y conductuales son modelados constantemente durante la enseñanza. La curiosidad, persistencia, flexibilidad, priorización, creatividad, colaboración y revisión, son buenos puntos de partida para hacer el proceso de aprendizaje más reflexivo. De hecho, a menudo lo que los estudiantes aprenden de aquellos que les rodean suele generarse de una manera indirecta, experiencial y observacional más que de una forma directamente didáctica.

El cerebro se beneficia de la actividad de reflexión y en este sentido, la conclusión que arroja la investigación es clara: La reflexión y metacognición son los pilares de las aulas verdaderamente eficaces. En palabras de Irene Pellicer, cuando hay vivencia, hay emoción, y cuando hay emoción, hay aprendizaje.

Quizá lo más fundamental del cambiar la reflexión desde el contenido hacia el pensamiento, es que los estudiantes tienen la oportunidad de situarse en el centro de su propio proceso de aprendizaje, haciéndolo verdaderamente vivencial y enriquecedor. Cuando los estudiantes reflexionan, re-imaginan lo que ha ocurrido, tanto en primera como en tercera persona -es decir, cómo vieron, y cómo vieron a través de sus propios ojos. ¿Cómo ocurre esto? Una respuesta de un estudiante de bachillerato que sirve de ejemplo es:

“Creo que pude ser más creativo hoy cuando nos dieron la oportunidad de crear nuestras propias metáforas a la forma en la que los bosques ayudan al planeta a “respirar”. ¿Por qué fuiste más creativo en ese momento? Quizá porque me forzó a pensar acerca de algo de manera visual, lo que significó que podía buscar y proporcionar una respuesta por mí mismo, dentro de mis propias experiencias.”

En la reflexión, el estudiante tenía que pensar tanto en sus propias emociones, como en la forma en la que percibía lo que estaba aprendiendo acerca de los bosques y el planeta.

Las preguntas a continuación, están planteadas de manera suficientemente flexible para ser presentadas a todas las edades y cursos, sin necesidad de aplicar muchas reformulaciones para adaptarlas. Podemos valernos de estas preguntas para fomentar discusiones y debates en el aula o usarlas de punto de partida para la creación de proyectos individuales o grupales.


Artículo original del Equipo de Teachthought- Traducción, adaptación e infografía de Kreadis

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