sábado, 13 de mayo de 2017

Descifrando el código del sufrimiento emocional en el estudiante

En posts anteriores hemos podido ver cómo el proceso de aprendizaje puede verse afectado en los casos en los que el cerebro tiene algún tipo de sufrimiento, dolor o padecimiento. En este sentido, consideramos de gran ayuda el que las personas implicadas en el proceso de aprendizaje tales como profesores, padres, educadores, etc., puedan conocer las claves del sufrimiento emocional de los adolescentes para poder entender qué les pasa y saber cómo poder ayudarles.

Cuando no se es consciente de que existe esta posibilidad, tanto los adultos implicados en el tema como los propios adolescentes se sienten atrapados y no resulta fácil salir de estas situaciones de bloqueo emocional.

En este sentido, apuntamos algunas claves que podrían ayudar a desbloquear este tipo de situaciones y determinar cómo poder ayudar a los estudiantes a cambiar sentimientos y estados emocionales de hostilidad, depresión, ira...en algo que resulte positivo y constructivo para ellos.

Nos gustaría aprender a responder y ayudar a los estudiantes cuyas respuestas al estrés se activan de manera crónica y hacerle saber que ellos y sus comportamientos son algo más que solamente su parte genética o sus aspectos biológicos, o su historia y bagaje familiar y de su entorno.

También sería de mucha utilidad el saber compartir con los jóvenes más frágiles que sus traumas del pasado pueden fortalecerse, en lugar de endurecer sus mentes y sus corazones.

No es necesario vivir en constante conflicto y dolor.

Lo que intenta comunicar el comportamiento ‘negativo’ del estudiante

Las personas que sufren, de manera no intencionada, suelen causar dolor a otras personas. Esto ocurre dado que, cuando los adolescentes se sienten amenazados, se protegen de la mejor forma que pueden o que saben: mienten, manipulan y sufren la ruptura de las relaciones con sus iguales cuando éstos les perciben como inseguros, impredecibles y/o amenazantes.

Foto: Alfonso Martí
Tales comportamientos pueden ser interpretados como una forma de comunicación y en estos casos resulta educativo y constructivo poder leer entre líneas o intentar descifrar qué es lo que realmente están intentando comunicar este tipo de conductas (desafiantes, rebeldes o no deseables).

Una vez que vemos y entendemos estas manifestaciones como formas de comunicar un estado de dolor y sufrimiento, que el adolescente es incapaz de expresar verbalmente, o de otras maneras, será posible hacerse la pregunta: ¿qué fortalezas esconden estos jóvenes? Y poder sacarlas a la luz y mostrárselas a ellos.

Esto se podría considerar como el comienzo de un proceso saludable de “cura”. Tan solo con un pequeño cambio de foco en la relación que se mantiene con ellos, ya sería posible generar un cambio.

El modo en el que nos acerquemos a ellos irá cambiando, así como el tipo de preguntas que les iremos haciendo.

No es lo mismo preguntar ¿qué es lo que pasa contigo? De manera inquisitiva, que preguntar ¿sabes si te has podido haber equivocado en algo? Si es así, ¿hay algo que crees que podrías haber cambiado?

Las siguientes preguntas pueden ser de gran ayuda para esos momentos en los que nos sentimos atrapados. Se podrían utilizar como excelentes iniciadores de conversaciones que pueden provocar reflexión en los jóvenes, que pueden ayudar a que tengan otras perspectivas, sentimientos y pensamientos a los que quizás no pudiesen detectar o entender por sí mismos:

1. ¿Qué quieres?
2. ¿Tiene un plan?
3. ¿Qué necesitas para llevarlo a cabo?
4. ¿Cuáles son tus recursos?
5. ¿Cómo puedo ayudarte?
6. ¿Qué sería lo que te podría resultar difícil?
7. ¿Cuál podría ser el mejor resultado posible si pones el plan en marcha?
8. ¿Qué es lo peor que podría pasar?
9. Tu interpretación del tema, ¿qué nivel de realidad tiene del 1 al 10?
10. ¿Qué te hace pensar que esto es así y en qué te basas para decir esto?
11. ¿Cuál sería el primer paso que tendrías que dar para mejorar esta situación?

Cuando se les escucha con la mente abierta y de manera sensible y atención plena, es probable que se pueda identificar si las respuestas que nos facilitan son justificadas. Esta es una gran oportunidad para validar lo que se escuchó y simplemente estar presente.

Restablecimiento de las expectativas

A continuación, presentamos tres procesos colaborativos que ayudarán a los estudiantes a reajustar sus expectativas y a enfrentan un desafío académico, emocional o social.

1. “Recableando” los cerebros de los adolescentes / estudiantes

Foto: Sergio Sánchez
Una primera sugerencia es que los profesores confeccionen una lista de puntos o palabras clave sacadas de las que cada estudiante haya utilizado al compartir sus sentimientos y pensamientos. Estas palabras pueden luego incorporarse a una historia que los propios estudiantes generen como parte de un trabajo a una actividad que puedan compartir. La finalidad es que sea el profesor el que pueda ayudar a los estudiantes a percibirse como expertos en sus propias vidas. Como co-diseñadores, podremos ayudarles a dibujar un mapa mental que pueda ilustrar los pensamientos y sentimientos de los estudiantes y les ayude a entender nuevas opciones y oportunidades, y puedan percibir sus retos como algo que puede conquistarse.

Nuestros cerebros están diseñados y cableados para procesar los cambios y son capaces de realizar nuevas conexiones con cada nueva experiencia, pensamiento y relación que realicemos. Esta plasticidad ofrece una estupenda oportunidad a profesores, educadores y padres para poder ir generando nuevas conexiones en el cerebro del adolescente con sufrimiento emocional.

2. Aprendiendo de las emociones

Sería muy interesante que profesores y educadores asumiesen la responsabilidad de compartir con sus estudiantes los avances que se han realizado en cuanto a la investigación del funcionamiento del cerebro. Los descubrimientos en neuroanatomía de los años 90 nos permitieron observar imágenes en directo de los procesos metabólicos del cerebro. En cuanto un cerebro responde a una orden o ante una imagen, sus sentimientos y lóbulos cognitivos se activan. Ahora podemos comprender el importante papel de las emociones, así como el impacto del estrés en la función cerebral y el aprendizaje. El hecho de compartir esta información con los estudiantes puede mejorar sus métodos de autoevaluación, incrementando así sus respuestas personales a la estimulación y una mejora de su sentido de eficacia.

3. Bienestar del Maestro

No hay nada más significativo en la relación estudiante-maestro que la autoconciencia y autocuidado del propio educador. Nuestros estados emocionales (nuestro afecto no verbal) acaban permeando y afectando nuestras relaciones con los estudiantes. Todo lo que sentimos y experimentamos cuando nos relacionamos con ellos es rápidamente y de manera inconsciente recogido por ellos y replicado por ellos también. No podemos ignorar que existen estados de contagio emocional. Para contrarrestar estados de “contagio negativo” hay recursos interesantes que pueden resultar de gran ayuda, como la práctica del yoga, la lectura, caminar, etc. Un consejo es planificar cada día dos actividades que sean nutritivas para el educador, que le llenen emocionalmente, de manera que ayudan a mejorar las relaciones con los estudiantes. Desapegarse en estos momentos es fundamental para el bienestar del educador.

Como dijo una vez el poeta Mary Oliver, "¡La única vida que puedes salvar es la tuya propia!"

Como profesor, ¿qué prácticas de autocuidado llevas a cabo? ¿Y cómo ayudas a los jóvenes a trabajar y aprender de sus emociones? Preguntas reflexivas como esta, son una herramienta clave para profundizar en la comprensión y gestión del mundo emocional, de manera que alimenten un clima sano para nuestros estudiantes y adolescentes.

Artículo elaborado por Kreadis con información de:

Desautels, Lori, "Cracking the Code of Student Emotional Pain" (2015). Scholarship and Professional Work – Education. Paper 103. - http://digitalcommons.butler.edu/coe_papers/103