domingo, 2 de julio de 2017

¿Ansiedad de tu hijo frente al campamento de verano? Algunas claves para gestionarla

Foto: Robert Jahns
Con el fin del curso escolar y el inicio de las vacaciones, son muchos los padres que optan por apuntar a los niños a campamentos de verano. Cuando pensamos en éstos solemos imaginar niños jugando, divirtiéndose y pasándola bien, sin embargo, son muchos los casos en donde resulta una situación emocionalmente difícil para algunos hijos (y padres).

En estos casos, suele infravalorarse o ignorarse la ansiedad que pueden experimentar los niños, la cual es una reacción natural frente a la ruptura de la rutina, el contexto desconocido y los nuevos retos y situaciones que percibe que enfrentará; y en el caso de los campamentos fuera de la ciudad, a la separación física de los padres.

La mayoría de los niños experimentan una mezcla de emoción y nerviosismo, y en los casos más frecuentes y sencillos de gestionar, el entusiasmo vence a los nervios. Sin embargo, algunos niños presentan un nivel de ansiedad lo suficientemente importante que termina interponiéndose en lo que debería ser una experiencia de disfrute y desarrollo.

Los campamentos de verano suelen ser contextos que permiten afinar y ensayar distintas habilidades: adaptabilidad social, seguridad en sí mismo, tolerancia a la frustración… La experiencia allí vivida puede fomentar habilidades sociales y cultivar la autonomía e independencia, a la vez que alimenta la seguridad a través de las distintas actividades que se realizan. 

La actitud de los niños para participar a gusto en un campamento de verano, depende tanto de la preparación (edad, experiencias anteriores…), de las condiciones del campamento (si vuelve a casa todos los días o se trata de un campamento a las afueras, si conoce a algún compañero que también participará en él), de la actitud de los padres, así como del temperamento del niño y la evaluación que hace de las dificultades que prevé que pueda encerrar la situación.

La clave para ayudar a tu hijo a superar los “nervios pre-campamento” es reconocer sus sentimientos y emociones, y proporcionarle las herramientas para gestionarlos.

Aquí algunos tips que pueden ser de ayuda:

1. Permite que tu hijo desarrolle un sentido previo de pertenencia y apropiación de la experiencia. Involúcralo en la elección del campamento, ayúdalo a familiarizarse con el contexto del mismo. Muéstrale qué actividades va a realizar, de manera que pueda superar el bloqueo o la ansiedad de la incertidumbre o duda, y formularse expectativas al respecto.

2. Alimenta el entusiasmo de tu hijo frente al campamento. Comprad juntos los materiales, ropa o equipamiento que necesite, e intentad enfocaros en las cosas que conocéis del campamento (y por tanto se pueden anticipar) que le puedan hacer ilusión.

Foto: Jorge Collado
3. Evita enfocarte en lo que aumenta la ansiedad del niño. En lugar de hacer preguntas dirigidas como “¿Estás nerviosa por los paseos fuera de la ciudad?”; haz preguntas abiertas como “¿Qué tal te sientes en cuanto a los paseos?”.
4. Evita trivializar sus preocupaciones o intentar tranquilizarle con promesas y palabras simplistas o con una seguridad superficial: “¡No hay nada de qué preocuparse!”, “Pero si todos los niños que van están que revientan de emoción!”. Este tipo de frases pueden ser contraproducentes y desmotivar aún más al niño, a pesar de que se hacen con la intención contraria. Intenta, en su lugar, demostrar que entiendes sus preocupaciones y mostrar empatía.

5. Reflexiona acerca de tus propias experiencias en relación con el tema y comparte los aspectos positivos de éstas con tu hijo. Muéstrale que estás dispuesta/o a hablar acerca de las cosas que estará haciendo, bien se trate de comer y probar nueva comida, conocer y llevarse bien con compañeros, o enfrentarse a nuevas actividades.

Foto: Francisco Amor
6. Si es necesario, ¡ensayad!.  Una ‘quedada’ con amigos menos cercanos, una noche en casa de la abuela con los primos, juego de roles en casa para disipar los miedos… Sé creativa/o y ensaya formas que le hagan más fácil a tu hijo afrontar la nueva experiencia.

7. Se consciente de tus propias ansiedades. “Que el niño no coma adecuadamente, que no haga amigos, que no lo pase bien o que se niegue rotundamente a asistir…”, piensa en todo aquello que te puede generar inseguridad para evitar filtrarla al niño. Recuerda que tu hijo puede captar tus emociones y sentimientos aun cuando no los verbalices.

8. En los casos de campamentos fuera de la ciudad, evita las despedidas largas y ‘dramáticas’. Muchas veces los padres experimentan un mayor nivel de ansiedad de cara a la separación del hijo que el mismo niño. Es necesario que, incluso en la despedida, podamos transmitir al niño la confianza que sentimos en él. Es necesario evitar las despedidas muy largas, ya que estas suelen aumentar los sentimientos encontrados del niño.

9. Ayuda a tu hijo a hacer planes realistas acerca de alguna actividad que le preocupe particularmente. Explorar de forma imaginaria las distintas vías de afrontamiento puede ayudarle a ver que es capaz de gestionar las situaciones temidas y, sobre todo, generar soluciones e ideas. Asimismo, el poder generar ideas para tolerar la frustración o ser flexibles al pensar en soluciones, dota al niño de una sensación de éxito que disminuye los miedos fantaseados.

10. Si tu hijo tiene algún tipo de dificultad psíquica, emocional, de aprendizaje o médica, no lo guardes en secreto. Es necesario que los monitores y el personal del campamento puedan tener la información necesaria para prevenir problemas y sacar el máximo partido de la experiencia de tu hijo. Asegúrate, además, de hacerle saber al niño que los monitores están ahí para ayudarle, tanto en lo que respecta a dudas o preguntas simples, como a otros temas que puedan ser de mayor importancia.

En general, la preocupación surge de las situaciones de incertidumbre, por tanto, reducirla en la medida de lo posible, ayudará al niño a disminuir su ansiedad. Es necesario que recordemos que la ansiedad y preocupación puede distorsionar el sentido en el que se percibe la realidad, por lo que la intervención de los padres en la gestión de estos sentimientos es de gran importancia y valor, ya que cuando dichas preocupaciones se reiteran sin mediar en ellas y gestionar las emociones que generan, se incrementa la sensación de indefensión del niño.

En la mayoría de los casos, los nervios del niño vienen del hecho de anticipar las posibles dificultades a las que habrá de enfrentarse. Muchas veces estas dificultades que anticipa son reflejo de dificultades reales en su regulación emocional o social. De aquí la importancia que tiene no pasarlas por alto o ignorarlas, sino proporcionar las herramientas para superar las dificultades y facilitar que el niño pueda sacar el mayor provecho de esta experiencia de cara a su desarrollo.


Artículo de Kreadis con información de: Asociación de Psicología Americana, Child Mind Institute, y Consejo General de la Psicología de España.