lunes, 10 de julio de 2017

Las islas de competencia y la percepción de éxito

Todos somos buenos en algo, y hay veces en las que no nos resulta obvio ni es fácil identificar cuáles son estas áreas. Nuestros hijos no escapan a este principio y uno de los cometidos de padres y educadores es ayudarles a ser conscientes de cuáles son las perlas que cada uno de ellos esconde. Una vez encontradas e identificadas estas áreas de fortaleza, comienza el trabajo de construir sobre ellas.

A lo largo de todo el desarrollo y en todas las edades, los niños encaran constantemente situaciones que les suponen retos y aprendizajes. Pensemos en el desafío que implica para ellos el simple hecho de comenzar a caminar y experimentar la posibilidad de desplazarse hacia el lugar que quieren.

Muchos de ellos viven estos desafíos como retos ilusionantes y cada caída o fracaso es un estímulo para continuar perseverando, hasta que consiguen dominar la actividad elegida. Esta experiencia de éxito constituye un elemento vital para el desarrollo de una actitud mental que ayude a mejorar la fortaleza de carácter.

Al principio, lo que comienza siendo algo instintivo, con motivación y perseverancia se llega a dominar y se convierte en una "isla de competencia".

La percepción del éxito de padres e hijos está directamente relacionada con la fortaleza de carácter. Para que el éxito origine una isla de competencia, se requiere algo más que una única experiencia de éxito. Cuando somos capaces de comprender nuestras percepciones y las de nuestros hijos, estamos en una mejor posición para apoyar sus islas de competencia.

Este tipo de experiencias generan una sensación general de orgullo y va llenando en el niño un “depósito de perseverancia”, del que el niño puede hacer uso a medida que se vaya enfrentando a nuevos desafíos. De esta forma, se va generando un círculo benéfico, cada nueva realización con éxito refuerza la autoestima y alimenta su fortaleza de carácter.

No obstante, el conseguir éxito en la realización de una tarea, por sí solo, no constituye este patrón, ni es aplicable a todos los niños.

Todo lo que les rodea constituirán variables que afectarán de uno u otro modo a que esto se facilite o no, y aportarán el significado personal a las realizaciones del niño.

A continuación, recogemos las aportaciones de R. Brooks y S. Goldstein en lo que respecta tanto a los obstáculos con los que se encuentran algunos niños para poder desarrollar sus islas de competencia, como a proporcionar algunos principios a considerar para poder ayudarles a experimentar la aceptación y el éxito.

En cuanto a los obstáculos que se encuentran, estos han podido verse originados en cierta medida por distintos factores, entre ellos, los que más destacan pueden ser los que enumeramos a continuación:

·         Incapacidad de sentir la alegría por el éxito obtenido
·         Tener una baja autoestima
·         Atribuir el éxito de forma equivocada
·         Poner muy alto el listón
·         Contar con unos padres cuya concepción del éxito no coincide con sus fortalezas.

La experiencia del éxito no solamente ayuda a forjar la fortaleza de carácter en el niño, sino que también les ayuda a superar situaciones de estrés y los retos diarios a los que se enfrentan, además de aumentar su tolerancia a frustración.

Sin embargo, incluso alcanzando el éxito, hay niños que no consideran sus resultados positivos como éxitos propios al no identificar que lo han conseguido gracias a sus propios recursos, sino más bien en causas externas a ellos.

En este sentido, es importante identificar cuántos de estos obstáculos tienen relación con nuestros hijos y cuántos también lo tienen con nosotros mismos, nuestras creencias, expectativas y limitaciones. Si somos capaces de comprenderlos estaremos allanando y despejando el camino que puede llevar a nuestros hijos a que puedan conseguir y sobre todo disfrutar y celebrar sus propios éxitos.

Unas veces tendremos que aceptar y comprender el temperamento y la experiencia vital de nuestros hijos, otras tendremos que hacer una autoevaluación de nuestras opiniones y prejuicios respecto a lo que define el éxito de nuestros hijos, y en otras ocasiones deberemos lidiar con empatía y buscar las razones por las que algunos niños recurren al éxito "hueco", es decir, actividades que no son socialmente aceptables o que están al límite de la ley,  en las que son pseudo competentes, como portarse mal en la escuela, incorporarse a pandillas delincuentes, etc.

Una vez identificados, examinados y aceptados los obstáculos, el siguiente paso a dar sería comprender la teoría de la atribución con el fin de saber cómo nuestros hijos realizan sus atribuciones en ciertas situaciones.

Esta teoría se centra en los factores a los que atribuimos nuestros éxitos y errores. Las atribuciones que hacemos respecto a nosotros mismos y a los que nos rodean están determinadas por nuestras experiencias, por los conocimientos que hemos adquirido, por la comprensión, por nuestra actitud mental e incluso por los factores físicos y ambientales del momento. Por ejemplo, la mayoría de nosotros solemos interpretar los acontecimientos de la vida diaria en forma más negativa cuando estamos más deprimidos y, por el contrario, solemos ver las cosas de manera más positiva cuando nos sentimos alegres y con confianza ante las situaciones que se nos presentan. Es la historia del vaso medio lleno o medio vacío.

Por ejemplo, imaginemos a un supervisor que considera el trabajo de un empleado “cuidadoso”, y valora el tiempo y la paciencia que pone en la realización de la tarea, mientras que otro supervisor define el mismo ritmo de trabajo como “lento” y le pide que realice la tarea con más rapidez. Si analizamos bien la situación, el empleado ha realizado el trabajo con el mismo ritmo ante los dos supervisores, pero las atribuciones que cada uno ha realizado han sido distintas. Esto influye en la forma en la que cada uno se expresa hacia el empleado y uno le felicita por su buen hacer y el otro le critica por no hacerlo correctamente. Todo esto ha dependido del carácter, experiencias, motivaciones y necesidades de cada supervisor.

Lo mismo nos suele ocurrir en cuanto a la valoración que hacemos de las cosas que hacen nuestros hijos diariamente.

Finalmente, sería interesante tener en cuenta los siguientes principios para reforzar el cambio en este sentido:

·         Disfrutar y festejar francamente los logros de nuestros hijos (sean los que sean)
·         Destacar el aporte que hacen a la creación del éxito
·         Identificar y reforzar las islas de competencias que cada uno de ellos tienen
·         Dejar tiempo para que se puedan desarrollar sus puntos fuertes
·         Aceptar los puntos fuertes y éxitos de cada niño



El desarrollo de una fortaleza de carácter viene de la mano de haber experimentado la alegría y la emoción del éxito en áreas significativas para la persona. En la medida de lo posible, es conveniente vincular éstas experiencias a los intereses del niño y que éste pueda llegar experimentar una sensación de propiedad y de responsabilidad por el éxito que ha obtenido.

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Artículo preparado por Kreadis con información de:
R. Brooks y S. Goldstein - Cómo fortalecer el carácter de los niños