lunes, 15 de mayo de 2017

Reforzar la autoestima de nuestros hijos I

La autoestima es un concepto que se ha puesto de moda últimamente; solemos escuchar comentarios tales como "a Carmen le va muy bien en la vida, tiene una autoestima tan alta que ¡cómo no le va a ir bien!", "los López tienen problemas con su niño, es que tiene una autoestima muy bajita el pobre, tendrían que ayudarle a que mejorase el concepto que tiene de sí mismo".

Muchos de los conflictos o éxitos personales, los relacionamos directamente con el “nivel” de autoestima, y en muchos casos, parece que nos resulta fácil detectar cómo está el “termómetro de la autoestima” en aquellos que nos rodean. Sin embargo, a pesar de ser un concepto tan ampliamente utilizado, seguimos sin tener claro cómo podemos alimentar o aumentar la autoestima o el sentimiento propio de valía.

Solemos confundir los conceptos de “autoestima” y “autoconcepto”. Por ello, creemos interesante revisar algunos matices en cuanto a su significado.

En los últimos años la investigación del autoconcepto y la autoestima está despertando gran interés. La mayoría de los autores asocia el término autoconcepto a los aspectos cognitivos del conocimiento de uno mismo, y utilizan la denominación de autoestima para los aspectos evaluativo-afectivos. Cardenal y Fierro (2003) han definido el autoconcepto como un conjunto de juicios tanto descriptivos como evaluativos acerca de uno mismo; considerando que éste expresa el modo en que la persona se representa, conoce y valora a sí misma. Aunque a menudo se usan de manera equivalente autoconcepto y autoestima, ésta última constituye el elemento valorativo del autoconcepto, es decir, del autoconocimiento.

La autoestima pues vendría a ser un conjunto de percepciones, sentimientos y evaluaciones que hablan de la autovaloración de uno mismo, de la propia personalidad, de las actitudes y de las habilidades, que son los aspectos que constituyen la base de la identidad personal. Ésta se construye desde la infancia y depende de la forma de relación con las personas significativas, principalmente los padres, que representan las primeras figuras de apego y referencia.

Foto: Phillip Haumesser
Los primeros años de la vida de un niño son vitales para construir una autoestima sana. Como padres, no es fácil controlar cómo ven, oyen o piensan nuestros hijos, ni cómo esto contribuirá a construir una imagen de sí mismos. Durante estos años, lo que los niños experimentan y comprenden, así como los esquemas mentales que van conformando (tanto en términos positivos como negativos) puede tener más importancia de lo que creemos. Es indudable que los padres tenemos un papel importante en cuanto a la cantidad y calidad de estos inputs en el cerebro de nuestros hijos. A mayor número o mejor calidad de inputs, mejores herramientas tendrán para enfrentarse con los retos que el futuro les depara.

Las expectativas poco realistas sobre las posibilidades de los hijos suelen provocar en ellos el deseo de aprobación y afecto, así como la necesidad de obtener metas personales que no estén de acuerdo con sus verdaderas aspiraciones individuales y sus capacidades reales, lo que puede llevarles a experimentar los fracasos como un acontecimiento que deriva en la pérdida de autoestima.

Nuestra habilidad para trabajar mejor y de manera más eficiente con los chicos tiene mucho que ver con trabajar con su autoestima. Pero ¿cómo se hace eso?

Hemos encontrado una buena analogía en una charla facilitada por Rick Lavoie que esperamos os sirva para poder comprender y ayudar a vuestros hijos.

Lavoie nos invita a imaginar la autoestima como algo tangible, como por ejemplo fichas de póker. Si tenéis una buena autoestima, tenéis un montón de fichas de póker y si la tenéis muy bajita, pues tendréis pocas fichas. ¡Así de simple!

Vamos a verlo de manera más gráfica con un ejemplo. Pensemos en dos niños, que bien podrían ser compañeros de clase de alguno de nuestros hijos. Uno de ellos, llamémosle “Toni Guay”, tiene miles y miles de fichas de póker. ¿Cómo las consiguió? Las obtuvo, por ejemplo, con todas las cosas buenas que le enriquecieron a lo largo de su vida:

- Le eligen como delegado de clase.
- Sale en el periódico del cole como alumno con iniciativa y motivación por proponer un sistema de reciclado de papel.
- Metió un gol decisivo en el último minuto del partido.

Toni tiene muchísimas fichas de póker. Ha vivido muchas experiencias que le confirman su valía y que le confirman, además, que es apreciado por quienes le rodean, por lo que se siente bien consigo mismo. Toni, como cualquiera de nosotros, pierde fichas cuando las cosas “no le salen bien”, o cuando ocurren cosas que no le gustan, como, por ejemplo:

- La chica que le gusta acepta ser su pareja para la fiesta de graduación (por lo que gana 20.000 fichas de póker más).
- Sin embargo, le sale un grano el día de la fiesta (lo que le quita 5.000 fichas de póker).

Aun así, en el “recuento” de Toni, aún le quedan 15.000 fichas, entre “sus más y sus menos”. En este punto, sería necesario tener en cuenta la capacidad de Toni para tolerar la frustración, tema que hemos delineado en notas anteriores y que abordaremos con mayor profundidad en próximos artículos. Si Toni es capaz de tolerar la frustración que puede implicar el grano que le ha salido, será capaz de apoyarse en todas las fichas de póker que ha conseguido y sentirse bien consigo mismo.

Con este tipo de experiencias Toni es un chico que va a la escuela cada día con un montón de fichas de póker a su espalda.

A su lado se sienta “Paco Pecas” quien a lo largo de su vida ha conseguido reunir un montoncito de fichas de póker que le caben en la palma de su mano.

- No ha llegado a ser delegado de clase en los cursos por los que ha pasado y suele pasar desapercibido en su clase.
- En los partidos de fútbol, “chupa” mucho banquillo.
- Las chicas que le hacen caso tienen menos fichas de póker que él.

Tanto Toni como Paco están dentro del mismo sistema, juegan la misma partida, se les valora con las mismas normas y tienen que jugar teniendo ambos una gran diferencia de fichas en sus manos. Esto no parece justo ¿verdad?

Imaginemos ahora que proponemos jugar contra nosotras con la cantidad de fichas que tiene Paco, mientras que nosotras lo haremos con las que tiene Toni. ¿Cuál sería vuestra primera reacción? ¿Querríais jugar? Es muy probable que la respuesta fuese que no.
Foto: Stephen McMennamy

¿Qué es lo que creéis que está queriendo decir Paco cuando les dice a sus padres "no quiero ir al colegio, por favor, no me hagáis ir, me duele muchísimo el estómago, tengo ganas de vomitar, me duele mucho la cabeza, dejadme quedarme en casa hoy, por favor"? Probablemente lo que está queriendo decir es "no tengo suficientes fichas, no me hagáis jugar a este juego, ¡es casi imposible ganar!"

Pero le decimos que tiene que jugar; la ley dice que tiene que jugar, así que le decimos que tiene que ir a la escuela.

Es como si nosotras os dijéramos "lo sentimos, aunque no queráis jugar al póker con nosotras, igualmente vais a tener que jugar con la cantidad de fichas que tenéis".

Imaginamos que vuestra sensación de impotencia y frustración sería alta en ese momento. No obstante, tenéis que jugar. Vosotros con pocas fichas y nosotras con cientos de ellas.

En este caso ¿Cuál sería vuestro estilo en el juego? ¿Sería arriesgado o sería conservador?

Tendríamos respuestas variadas ante esta pregunta, dependiendo de vuestro perfil de personalidad.
Habría personas que apostarían todo, pensando en “¡qué más da!”, sintiendo de antemano que lo tienen todo perdido.... Por lo que “cuanto antes se acabe el mal trago mejor”.

Este es el caso de los jóvenes que se vuelcan en conductas de riesgo, esos que de alguna manera dicen “no me importa", claro que voy a probar las drogas, alcohol y tabaco, podría unirme a pandillas, me atrevo a caminar por el tejado de esa casa, traspasar las normas. No tengo nada que perder, ni buena reputación, ni respeto, ni consideración, casi no tengo amigos de verdad y la opinión que de mí tienen la mayoría de las personas no es especialmente buena. ¿Por qué no ser impulsivo y apostarlo todo? ¡No me importa!”. Este tipo de pensamientos y conductas parten de un maltratado sentimiento de valía y buscan, de manera errónea, conectar con los demás, encontrar límites y la individualidad, así como llamar la atención de otros.

Foto: Robert Jahns
Por su parte, en el caso de aquellos que habríais decidido apostar de manera conservadora, probablemente lo iréis haciendo ficha a ficha. Eso es lo que puede estar haciendo Paco cuando dice, "no quiero pedirle a la chica que me gusta que salga conmigo; no quiero exponer mis cuadros en la semana del arte del cole; prefiero quedarme en el banquillo porque si me sacan y no meto gol se van a meter conmigo; no quiero seguir en tenis porque me ha dicho mi entrenador que ya estoy preparado para ir a los torneos y no quiero competir; no quiero ir al campamento de verano... Me voy a aferrar a mis pocas fichas y no las voy a soltar, no las puedo perder, no puedo perder ni una sola de ellas."

Si Toni y Paco están en la misma clase y el profesor pregunta ¿cuál es la capital de Dinamarca? Toni piensa: "Yo creo que es Oslo, aunque no estoy seguro. Como tengo un montón de fichas, si me equivoco, solo perderé unas pocas" Y dice en voz alta: "Es Oslo" y el profesor dice: “No Toni, esa no es la respuesta correcta”.

Paco está pensando que Oslo no puede ser porque es la capital de Noruega, y la respuesta correcta cree que es Copenhague, pero solo tiene un puñado de fichas y no se atreve a contestar porque en el recreo tiene que hablar con Dani y su grupo para pedirles la pelota que le quitaron ayer. Su padre le ha dicho que no vuelva a casa sin la pelota, así que necesita todas sus fichas para hacer frente a Dani y su grupo.

El profesor dice, "la respuesta correcta es Copenhague" y Paco piensa: "Lo sabía... debí haber contestado". Sin embargo, es probable que en futuras ocasiones Paco tampoco se atreva a contestar, intentando mantener las fichas de póker que tiene intactas; “no gano, pero tampoco pierdo”.
Uno de los factores que más influyen en las conductas y percepciones de nuestros chicos es que “no tienen suficientes fichas”.

Entonces ¿cómo les damos más fichas y aumentamos su autoestima? Construyendo a partir de sus fortalezas; es lo que Bob Brooks llama "la isla de competencia", es decir, aquellas actividades en las que el niño destaca más fácil y naturalmente.

Foto: Ahn Young Joon
Es habitual que, cuando existen dificultades, la forma de trabajar el proceso de mejora se basa en un enfoque hacia las áreas que el niño debe “perfeccionar”, es decir, en sus “debilidades”. El tipo de intervención en los casos en los que el niño tiene dificultades sociales, en la comunicación o en la comprensión, suele abordarse intentando arreglar lo que no funciona, se enfoca en la deficiencia, en muchos de los casos, a través de métodos que no siempre atienden la raíz del problema.

Todos poseemos fortalezas, pero algunas veces no son tan obvias. Hay que descubrir todas aquellas cosas que tu hijo hace bien, aquellas en las que es competente, sus fortalezas, y darle toda la importancia que tiene, hacerlas evidentes, reconocerlas y celebrarlas.

Por ejemplo, Laura, una joven de 15 años, tenía dificultades para llevarse bien con sus compañeros, sin embargo, los niños pequeños siempre se le acercaban. Por ser ese su punto fuerte, comenzó a cuidar niños y esto le hizo desarrollar y aumentar su confianza. Según iba sintiéndose mejor consigo misma, fue capaz de examinar y cambiar su enfoque respecto a sus compañeros, lo que la llevó a ser más aceptada por sus iguales.

Por ejemplo, si a tu hijo se le da bien utilizar el destornillador, cada vez que necesites ajustar algún tornillo, puedes pedirle que lo haga por ti, de manera que haya un reconocimiento indirecto de su habilidad.

Una vez encontradas las aéreas de fortaleza del niño hay que construir sobre ellas. Para ello, es esencial realizar un trabajo conjunto entre la casa y la escuela, con vías de comunicación claras entre el colegio y los padres de familia. Cuando los niños descubren sus puntos fuertes, se hallan más dispuestos a encarar incluso esas áreas que han resultado ser problemáticas para ellos.

Hay que ser unos excelentes buscadores de talento con vuestros hijos y fomentárselos. Esta es una de las mejores formas de darles más fichas de póker cada día.

Como padres y educadores, una de las labores más importantes que debemos hacer con nuestros hijos para mejorar su autoestima es encontrar sus fortalezas y buscar la forma de que cada día se vayan a la cama con más fichas de póker que las que tenían cuando se levantaron.

Artículos relacionados:
Reforzar la autoestima de nuestros hijos II
Las islas de competencia y la percepción del éxito

Artículo preparado por Kreadis con información de:
  • Definición de Autoestima - La guía de Psicología http://psicologia.laguia2000.com/la-depresion/definicion-de-autoestima#ixzz4giCdpS00
  • Garaigordobil M. y Durá A. - Relaciones del autoconcepto y la autoestima con la sociabilidad, estabilidad emocional y responsabilidad en adolescentes de 14 a 17 años - Análisis y modificación de conducta, 2006, Vol. 32, Nº 141.
  • Rick Lavoie - La autoestima como fichas de póker
  • Brooks, Robert, Goldstein, Sam- Building Resilient Children (2001)
  • Brooks, Robert, Goldstein, Sam- Building Resilient Children (2001)