jueves, 27 de marzo de 2014

Léeles una Historia (3)

La participación de los padres en la educación de un niño empieza al nacer. Cantarles nanas y arrullarles con palabras llenas de ternura introducen al pequeño en el mundo del lenguaje. En este estudio se quería comprobar si los estudiantes de 15 años, cuyos padres habían participado activamente en su educación, habían tenido un mejor desempeño durante su etapa de primaria que aquellos cuyos padres no se implicaron.



Se les preguntó a los padres si durante esta etapa hacían este tipo de actividades:
  • leían libros a su hijo
  • les contaban historias,
  • les cantaban canciones,
  • jugaban al abecedario,
  • les contaban las cosas que habían hecho durante el día,
  • les decían qué habían leído,
  • jugaban a juegos de palabras,
  • les escribían letras o palabras,
  • les leían en alto señales y carteles...

Los resultados mostraron que, cuando los niños están entrando en la etapa de primaria, algunos tipos de implicación parental están muy relacionados con la lectura e incluso con inculcarles un sentido del disfrute de la misma.

Si bien la mayoría de las actividades mencionadas anteriormente están, en cierta medida, relacionadas con un mejor rendimiento en lectura cuando el niño tiene 15 años, con mucho, la relación más fuerte la encontramos entre el haber leído a un niño durante sus primeros años y un mejor rendimiento de lectura cuando el niño tiene 15.

PISA también encontró que las actividades entre padres e hijos que implican poner las palabras en contextos más amplios, como contar cuentos o cantar canciones, en comparación con las actividades que aíslan letras o palabras, como jugar con los juegos del alfabeto, ayudan a inculcar un disfrute por la lectura en los niños de 15 años en comparación con aquellos niños cuyos padres no se implicaron en este sentido.



¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?

El primer día del colegio, suele ser tan emocionante para el niño como para los propios padres. Puede que como padre o madre de su hijo, haya pasado semanas pensando en el material que hay que comprar, qué tipos de bolígrafos y lápices necesitará, cómo forrar los libros para protegerlos de un desgaste inevitable y posibles roturas o derrames de cola-cao, pero, según los resultados de PISA , la mayoría de los padres no dedican suficiente tiempo a pensar en un aspecto mucho más importante: el desarrollo de un hábito de la lectura . Aproximadamente un 25% de los niños no cuentan con nadie en casa que les lea con regularidad durante su primer año en la escuela. y, en su lucha por abrirse camino en el aprendizaje de la lectura, solo el 40% de los niños se interesarán por comenzar a leer su primer libro y tendrán padres que disfrutan con la lectura. Puesto que los padres son los modelos más importantes que un niño imitará , es crucial que los padres muestren a sus niños el valor de la lectura por medio de la lectura de cuentos en edades tempranas y de mostrarles actitudes positivas hacia la lectura.

Muchos padres comentan que esta es una propuesta costosa. Para estos casos se proponen alternativas como la utilización de bibliotecas y participar en los eventos que las mismas organizan para la familia. Otra actividad orientada hacia una actitud positiva a la lectura puede ser el que los padres apoyen las bibliotecas locales y escolares, mediante la donación de libros.

Los resultados de este estudio sugieren que aquellos niños que mantenían conversaciones abiertas con sus padres desde bien pequeños, conversaciones en las que se les requería cierta reflexión sobre sus experiencias, aprenden a procesar y comunicar mejor la información cuando alcanzan los 15 años.


A la vista de estos pequeños consejos, vemos que no es ni difícil ni requiere mucho tiempo el ayudar a los niños para que comiencen a desarrollar estas habilidades cognitivas al comienzo de sus vidas: todo lo que hace falta es que los padres hablen con sus hijos de algunas de las cosas que hicieron durante el día, y preguntarle qué fue lo que él o ella hizo durante el día. El mantener una conversación abierta anima a los niños a reflexionar sobre lo que quieren decir, aprender a poner sus pensamientos en un orden lógico, y les obliga a encontrar las palabras adecuadas para comunicar sus pensamientos. Un lugar en el que este tipo de actividad se puede fomentar fácilmente y de manera natural puede ser en la mesa, durante las comidas o cenas diarias. De esta forma, este tipo de conversaciones se convertirán en un hábito, en una oportunidad de expresarse, para conectar de manera más profunda con otros miembros de la familia, al sentirse cerca, cuidado y respetado.

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Fuente: OECD (2012), Let's Read Them a Story! The Parent Factor in Education, PISA, OECD Publishing. http://dx.doi.org/10.1787/9789264176232-en